Razones por las que los particulares no venden su vivienda

Razones por las que los particulares no venden su vivienda

Adentrarse en el proceso de venta de una vivienda sin la ayuda de profesionales inmobiliarios es una práctica más habitual de lo que parece. Una costumbre que a menudo tiene consecuencias nefastas, desde el nulo interés de los compradores hasta el alcance de un mal trato para los intereses propios. ¿Las razones? Están detalladas a continuación. 

No presentar una vivienda en condiciones

Uno de los errores más comunes a la hora de vender un piso o una casa es su mala presentación. Y si los compradores se topan con un piso envejecido, sucio o hasta desordenado, será prácticamente imposible que se interesen por él. Dicho de otro modo: se debe acondicionar una vivienda para que luzca en su máximo esplendor: limpiar hasta el último rincón, dar una capa de pintura a las paredes y despersonalizar el espacio pero manteniendo los muebles esenciales. Tan solo debe quedar lo mínimo para que los interesados se hagan una idea sobre el potencial de la propiedad. 

No fijar un precio de venta adecuado

Establecer el precio de venta justo es otra de las complicaciones que suelen hallar los particulares. Una mala costumbre consiste en fijar el mismo precio que se pagó en el pasado o aumentarlo sin ningún fundamento. ¿Cuál es el problema? Que será una cantidad fuera de mercado y, en consecuencia, una vivienda imposible de vender. Los agentes inmobiliarios, en cambio, se basarán en la información que dispongan de las propiedades de la zona para fijar el precio justo. 

No conocer la lógica del sector

Aquí es donde entra otro error común en los particulares: desconocer la lógica del sector. Mientras el particular no sabe cómo preparar una vivienda para atraer la atención de los compradores, el profesional se basará en las máximas del home staging. Mientras el particular establece un precio al azar, el agente inmobiliario lo contrastará con los datos y conocimientos de que dispone. Y cuando el particular deje correr el tiempo a la espera de que aparezcan interesados en la propiedad, el agente inmobiliario se moverá a sabiendas de que cada mes que pase la vivienda estará perdiendo valor.

No saber tratar con los compradores

Aunque, a menudo, el talón de Aquiles de los particulares suele ser el trato con los compradores. ¿La razón? Porque se le presentan retos como negociar no solamente con el comprador sino también con su agente, su abogado, la empresa que hace la certificación y, en algunos casos, el banco del propietario; no saber solucionar las dudas o preguntas del comprador; desconocer todos los detalles relativos a los contratos: hipotecas, impuestos, plusvalías, etcétera; o considerar ciertas claves a la hora de cerrar el trato como la supervisión técnica del inmueble, que el contrato cuente con el visto bueno del comprador, que el interesado esté en condiciones de asumir la financiación de la vivienda o que los cálculos referentes a impuestos y costes de la notaría sean los correctos. 

No usar herramientas profesionales

Finalmente, también perjudica a los particulares no disponer de herramientas profesionales para vender una vivienda. ¿Por ejemplo? No tener conocimientos ni recursos básicos de marketing digital, no contar con imágenes captadas por fotógrafos con cámaras profesionales, que la decoración e interiorismo no alcance unos mínimos estéticos, no trabajar con sistemas MLS para establecer el precio de mercado o no conseguir visibilidad alguna entre los miles de anuncios recogidos en los portales inmobiliarios. 

En definitiva, resulta recomendable que cualquier particular con intenciones de vender una propiedad contrate los servicios de un agente inmobiliario profesional. Una inversión que, más allá de aportar tranquilidad y resultados, puede hacerle ahorrar tiempo y ganar más dinero. 

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